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Mis inicios

Ya pasaron 14 años desde que decidí emprender mi negocio, todo comenzó en una recámara que compartía con mi hermana, trabajaba en una mesita de plástico que media tan solo 80 cm, todos los días regresaba de la universidad y realizaba toda especie de trabajo en esa mesita de plástico, más tarde comencé a pintar Bukeminas, sin saber que serían Bukeminas.


Recuerdo que siempre trataba de decorar lo mas lindamente posible aquel espacio, por muy pequeño que fuera, ponía un mantel de colores, flores secas y una lámpara que me iluminaba en mis épocas nocturnas de universidad, desde entonces me perseguían esas ganas de habitar los espacios decorados y llenos de detalle. Vivir bonito.


Apenas podían caber diez piezas pintadas y aún así me acomodaba como podía y yo con una fe enorme lo hacía todos los días, todo el tiempo pintaba en esa mesa, hasta que un maestro Santigo Ortega me alentó a continuar después de la carrera con este proyecto.


Y seguí, seguí con toda la fe y aunque hubo días que sentía una sensación horrible de que hacía el ridiculo, que debí haber estudiado otra carrera, que solo estaba jugando a hacer "cositas", decidí seguir sin escuchar todos esos diálogos que asaltaban mi mente al inicio con mucha frecuencia.

En esa época había muerto mi papá y no se si fue una especie de refugio encerrarme a pintar o el creer que eso fue lo que me permitió volverme obstinada y sorda ante mis pensamientos negativos de desistir, pues pintar era lo único que ponía en absoluto silencio cualquier cosa, hasta las cosas que estaban doliendo.


El arte de mi pronoia me hizo creer que algo bueno tenia que ocurrir después de todo lo feo que acababa de vivir, como lo fue la enfermedad de papá y su ausencia, pero como magia , todo comenzaba a levantarse y manifestarse con más vida, Bukemina comenzó a formarse y ocupar espacios. Bukemina me salvo y me levanto ...


Le comencé a hablar y agradecer su existencia en mi vida, quisiera acordarme como fueron los primeros años de Bukemina, pero parece un pestañeo, mi mente no logra recordarlo bien ni con exactitud, supongo que mi instinto de supervivencia de ese momento solo estaba accionando en las cosas más elementales que eran mantenerme a flote y creativa.


Hace un mes me encontré llorando agradecida con Dios, con la vida, porque estaba por firmar un contrato para el que sería mi estudio, mi taller de arte, el que siempre había soñado. Un lugar donde ya podian caber todas las personas que quisieran conectar con su creatividad en mis talleres de pintura.


Hoy tenemos un espacio con cuatro mesas de 1,80 donde podemos pintar infinitas piezas y todas ellas viajan contentas a diferentes lugares. Un lugar donde todos los días me recuerda el camino recorrido y lo valioso que es cargar con fe y gratitud en el equipaje, ojalá hubiera sabido que ocurriría, que viviría mi sueño 14 años después, pero no fue así, tuve que atravesar el camino con sus contrastes y sinsabores para yo poder estar aquí parada y agradecida.



Esa mesa de 80cm que decore muchos años con tanto amor, fue mi contención más absoluta y el trampolín a todo lo que hoy es un sueño realidad.


Gracias por leer hasta aquí, recuerda esto: persiste siempre.


Buke







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